Miriam, una pequeña noruega padece insensibilidad congénita al dolor. Presenta graves lesiones en la espalda, cadera, rodillas y tobillos provocadas por fuertes caídas que para ella han sido completamente indoloras. Sin embargo, en su caso no existen signos de discapacidad intelectual.
"Cuando tenía pocos meses de edad y empezó a gatear, notamos que no lloraba aunque se daba unos buenos golpes. Al principio no le dimos mucha importancia pensando que sólo era porque tenía un umbral alto para el dolor. Cuando se fue haciendo mayor, nos dimos cuenta que era un poco difícil de disciplinar o que no respondía a algo tan básico como una palmada en la mano". Así relatan los padres de Miriam su comienzo de la enfermedad.


